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Cuando un progenitor no conviviente recobra el vinculo obstruido con los hijos.   

Campaña de APADESHI en prevención a los conflictos familiares

Autor : José María Bouza

Cuando un Progenitor recobra el vinculo con los hijos luego de un periodo de alejamiento no voluntario, regre­sa a una forma de vida que ya le es ajena, las injusticias, y la violencia a la que se vio expuesto /a durante ese tiempo ,  genera un choque socio - cultural reverso: el impacto que acusa una persona desvinculada de su hijos  después de haber vivido la experiencia personal y Judicial de reclamo vincular, lo/ a encuentra distinto /a, desconfiado /a , mas sensible, con casi nula capacidad de creer en promesas de protección de la relación vincular con sus hijos , que ya a sido vulnerada ilegalmente.

 Estas per­sonas se encuentran a menudo con cambios sustanciales y deben enfrentarse a una readaptación, en la forma mas rápida posible. Se genera en ellos una combinación de expec­tativas desmedidas, emociones y tensiones que experimentan cuando deben reacomodar su vida a un Régimen de visitas que sabe dificultoso de conservar, pues la experiencia de recobrarlo fue negativa a pesar de la recuperación formal y costosa desde lo anímico a lo económico.

Estos cambios afectan al Progenitor revinculado, física y psíquicamente y se expresan en una sintomatología muy específica, que se traduce en dolores de cabeza, desorden del sueño y de los hábitos alimenticios, depresión, aburrimiento, rdida de la energía, agresividad y resentmiento, que pueden llevar en oca­siones a tener problemas con la nueva pareja e incluso al aislamiento, la perdida de amigos y el distanciamiento con familiares.

Este proceso de espera para poder estar con sus hijos, en ocasiones es reiterativo, por lo que los temores que surgen son basados en hechos vividos anteriormente, pudo haber visto la pedida de sus fuentes de ingreso económicos , encontrándolo en situación critica y a sabiendas que probablemente no resistan sus estructuras, un nuevo embate de desvinculación..

 

Al regresar a la vida parcial con sus hijos, la persona debe aprender nuevos procesos de relación, con ellos y su entorno, puesto que las reglas cambiaron mientras estaban ausente. Esto se traduce en una tensión emocional y mental que provoca frecuentemente un estado de ansie­dad y exacerbación de las emociones, por lo que la persona se puede sen­tir con miedos, incapaz de movili­zarse, de continuar o comenzar nuevos objetivos personales o laborales  y, en especial, experimenta una sensación de no pertenencia a su antiguo entorno, pues ya no es la misma persona, a sufrido experiencias traumáticas que lo / a condicionan para el resto de sus días.

 

Como consecuencia, se produce una tensión física, agravada a menudo por el cambio de su entorno que percibió lo destructivo que ha sido la búsqueda de la recuperación del vinculo con los hijos, siendo afectados ellos mismos, por la extrema agresividad,  litigiosidad y desobediencia Judicial del Obstructor de vinculo..

 

Estas tensiones se hacen sentir en su cuerpo, con aparición de enfermedades reales y psicosomáticas . Se tiende además a hacer referencia permanentemente a lo sufri­do, en cuanta conversación que surge, causándole estrés, que aumenta con la certeza que el tiempo de estar con sus hijos puede sufrir nuevas alteraciones parciales o totales.

 

La hipótesis de conflicto esta presente, es real y no le permite disfrutar de los momentos con los hijos, y esto es captado por los mismos, por lo cual los niños empiezan a expresar aburrimiento o incomodidad, lo que es percibido por este progenitor como una continuidad de la acción manipuladora negativa ejercida por el otro Progenitor, en búsqueda que los hijos sientan la no necesidad de vinculación.

 

Estas son una de las tantas consecuencias de la extensión en el tiempo de la obstrucción de vinculo. Asimismo. se produce una ten­sión psicológica y el estar con los hijos presagiando que va a volver a sufrir la obstrucción generan la sensación de pérdida, que se hace extensivo en la percepción que también tiene la familia y amigos, que le tramiten los mismos temores.

 

Este estado de preanuncio de un nuevo desastre afectivo vincular,  suele producir una afectación en la autoestima y una desconfianza, que alimentada por la prosecución de amenazas y agresividad por parte del Progenitor obstructor, que no se vio sancionado por sus deslealtades, ubica a la persona en situación de extrema debilidad socio – afectiva, que percibida por el obstructor da lugar a reiterar la obstrucción a la espera de lograr un alejamiento voluntario del Progenitor no conviviente, ante la imposibilidad de hacer cumplir los convenios o resoluciones Judiciales.

 

El Progenitor que ha sido obstruido se siente extraño y es importante entender su proceso emocional para poder ayudarlo y que pueda superase adecuadamen­te. Para ello, quienes están cerca de estos Progenitores que recobran el vinculo con sus hijos, deben tener en cuenta las etapas más habituales  tras el regreso de los hijos:

 

Primera etapa. El Progenitor obstruido experimenta una sensación de prisa, apuro, por lo que entiende pueden ser las escasas horas con los hijos, previa a una nueva acción obstructiva y reiteración del esfuerzo para recuperar a los hijos, lo que presupone aún mas difícil que la vez anterior si se produjera. Esta etapa suele ser  poco planificada y caótica para el desenvolvimiento del grupo familiar. No tenían certeza que se produciría la llegada de los niños, luego de tantos intentos fallidos.  Tienen la sensación de fracaso , por la reiteración de intentos de visitas frustrados y desobediencias por parte del progenitor obstructor

 

Segunda Etapa: Las visitas, continúan cumpliéndose, pero cada día de intento de cumplimiento de visitas,  tiene la incertidumbre de salir y no saber si se cumple el Régimen de visitas pautado.

Las emociones durante esta etapa son encontradas, ya que por un lado el Progenitor no conviviente desea fervientemente estar con los hijos, pero el temor a la reiteración de la negación a cumplir por parte del otro, o el posible rechazo de los hijos, lo /a inhabilita de hacer proyectos de salidas con la consiguiente alegría de originarlo y disfrutarlo desde el proyecto mismo.

Al poder retirarlos , empieza la rutina de saber que debe regresarlo, en el temor fundado, si la próxima visita se va a poder cumplir.

Deben a aprender a afrontar su nueva realidad y su futura vida sin certezas. En esta fase nos encontramos, por un la­do, con la situación del progenitor que debe adaptarse a su estado de inseguridad y a la necesidad de crear  nuevas metas personales y proyectos con sus hijos; por otro lado, se debe examinar la reestructuracn económica que fue afectada seriamente, entre otros aspectos de daños recibidos.

En muchas ocasiones se plantean la sensación del porqué no están felices de estar nuevamente con sus hijos , si es lo que tanto buscaron. Para ello, es importante fijar prioridades mas allá de lo que consideran esencial que son su hijos, prioridades que le permitan un crecimiento personal y económico, reinsertarse a la sociedad como un individuo útil, a pesar del sentimiento de amputación que han experimentado en el tiempo de alejamiento de sus hijos.

 

Tercer Etapa:  comienza con la adaptación y reajuste, que es cuando el Progenitor y su familia comienzan a procesar el regreso y a volver a familiarizarse con el entorno y su estilo de vida. Es importante que durante esta fase se internalicen las experiencias adquiridas, y se eviten errores posibles, elaborando la sensación del “Temor “ que representa la figura del obstructor y su impunidad. Pueden pasar meses y años con cumplimiento perfecto a lo regulado judicialmente e igualmente permanecer la sensación de inseguridad y temor.

 ¿Cómo minimizar, entonces, los efectos negativos del regreso de los hijos?

 Ya sólo el hecho de ser conscientes de que hay un cambio emocional y físico ayuda mucho. Deben empezar a cuidarse, buscar nuevas amistades, evitar que las conversaciones giren hacia la historia de alejamiento y los miedos que les causa, fijarse proyectos aún a riesgo de no poder cumplirlos, tener muy presente que deben estar muy atento a lo legal, evitando que sea el eje de su existencia. Además, se recomienda tomar el tiempo para descansar, alimentarse correctamente, ha­cer ejercicio y cuidarse físicamen­te y realizar actividades placenteras con o sin los hijos. También es conveniente buscar vías para canalizar el estrés, como involucrarse en actividades de la comunidad y sociales, mantener las aficiones,  y buscar ayuda psicológica cuando sea necesario.

La experiencia de la obstrucción vincular con los hijos es percibida y así es expresado por los damnificados como una “tortura” y todo lo que rodea a ella, por lo que es factible que sobrelleven las consecuencias similares a quienes han sufrido torturas físicas y psicológicas.

 José María Bouza -  Presidente de APADESHI

Dante Alfredo Miceli - Secretario de APADESHI


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