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En otro caso, la separación fallida entre
la madre y la hija, de cuatro años en el momento de la separación
matrimonial, contribuyó a un patrón de creciente rechazo de la
niña hacia su padre. Se
comprobó que el ataque de PAS en una familia determinada se
desencadenaba antes de la separación de los padres, durante los
procesos de divorcio o años después de la sentencia de
divorcio. Dunne y
Hedrick describen a una niña de dos años y medio cuyos padres
estaban disputándose la custodia, y en cuyo entorno ya habían
existido numerosos precedentes de acusaciones por parte de la
madre desde los primeros meses de su embarazo.
Algunos de los adolescentes en esta muestra han
disfrutado de una larga y positiva relación post divorcio con
un padre antes de comenzar a rechazarle como parte de un
escenario de PAS.
Lund
La psicóloga Mary Lund examinó los
factores que adicionalmente a la programación parental podían
contribuir al alejamiento entre el niño y el padre rechazado
(19). Escribió que
los métodos que Gardner defendía, tales como órdenes
judiciales para mantener el contacto, eran válidos en muchos
casos y que podían ayudar a prevenir que el niño desarrollase
una reacción fóbica de rechazo al padre, que es lo que puede
suceder cuando se discontinua el contacto en el curso de
procesos legales muy dilatados.
Tales intervenciones legales a menudo son la piedra
angular del tratamiento. En
el tratamiento de estas familias Lund integra los trabajos de
Gardner con los de Janet Johnston.
Ella asesora a la familia en términos de los factores de
desarrollo que en los hijos pueden contribuir, tales como los
problemas asociados a la separación de los niños preescolares
y el comportamiento opositor durante la preadolescencia y la
adolescencia. Los déficits
del padre no custodio en cuanto a la paternidad pueden también
contribuir al problema. En
su experiencia, el progenitor odiado, generalmente el padre, a
menudo tiene un estilo distante, rígido, incluso autoritario,
que contrasta con el estilo indulgente y brillante del padre
amado, que puede también necesitar ayuda en cuanto a una
paternidad apropiada. Estas
son generalizaciones arriesgadas, no obstante.
En la experiencia de esta autora y de otros, los padres
alienadores y los objeto exhiben una amplia variedad de patrones
de personalidad que no permite incluirles en este tipo de
generalizaciones. Adicionalmente,
en los casos en los que el padre es el alienador, es a veces él
quien emplea un estilo excesivamente indulgente y materialmente
pródigo para abrumar y sobrepujar el vínculo psicológico más
sano que el niño tiene con la madre.
Según Lund, el PAS también puede
desarrollarse cuando el stress del niño en el intenso conflicto
del divorcio es sencillamente demasiado para el niño, que busca
escapar de una situación de "atrapado en medio" en la
que está cogido por alinearse con un padre.
Los terapeutas, especialmente los terapeutas infantiles
que realizan tratamientos individuales pueden inadvertidamente
convertirse en parte del sistema que mantiene activado el PAS,
de manera que puede llegar a requerirse una orden judicial para
romper la influencia polarizadora del terapeuta.
Finalmente, podrán requerirse una combinación de
intervenciones estratégicas de orden legal y terapéutico para
mitigar el PAS y mantener el caso dentro de límites manejables.
Cartwright
Un sociólogo canadiense, Cartwright,
establece ocho puntos sobre el PAS:
1) El PAS puede ser provocado por
conflictos distintos a asuntos de custodia, como por ejemplo,
pensiones para los hijos, y diferencias de naturaleza
relativamente trivial.
2) La alienación es un proceso gradual y
consistente, directamente proporcional al tiempo en que se ha
estado alienando.
3) El tiempo obra a favor del padre
alienador, que puede imponer una multitud de tácticas
dilatorias.
4) La lentitud de los juicios puede
exacerbar el problema.
5) Los padres alienadores a menudo utilizan
las insinuaciones de abuso sexual para desacreditar al otro
progenitor, lo que Cartwright llama acusaciones
"virtuales" de abuso sexual.
6) Para contrarrestar la fuerza de la
alienación se requerirán juicios legales claros y asentados enérgicamente.
7) Los niños sujetos a alienación
excesiva pueden desarrollar enfermedades mentales y
8) El éxito de la alienación parental
tiene profundas consecuencias a largo plazo para el niño y para
otros miembros de la familia que apenas están comenzando a
identificarse (24).
Como ejemplo de acusaciones
"virtuales" de abuso, Cartwright describe a una madre
que insinuó abusos sexuales por parte del padre acusándole de
haber mostrado al niño una cinta de video pornográfica que, en
realidad, resultó ser una comedia de Hollywood alquilada en un
videoclub. En
relación al riesgo del niño de contraer enfermedades mentales,
Carwright ofrece el ejemplo del comportamiento desintegrador de
un hijo alienado, presumiblemente en edad de latencia, que trató
de envenenar a su padre poniendo ambientador en su medicina
estomacal. Más
tarde, el niño huyó durante una visita al padre, y hubo que
llamar a la policía. La
literatura sobre las locuras a dos incluyen un informe de 1977
de un niño de 10 años acusado de haber intentado quemar la
casa de su padre dos años después del divorcio de estos,
aparentemente como resultado de una relación de locuras a dos
con su madre perturbada (25). Tales
casos sugieren que el PAS grave puede ser indicativo de
perturbaciones emocionales significativas en el padre alienador
con un efecto proporcionalmente perturbador sobre el niño.
Cartwright describe lúcidamente los
efectos psicológicos del niño con PAS agudo.
"El niño... experimenta una gran pérdida, cuya
magnitud es comparable con la muerte de un padre, dos abuelos y
todos los parientes y amigos del padre... Además... el niño es
incapaz de aceptar la pérdida, y menos de lamentarla"
(24). Los buenos
recuerdos del niño respecto del padre alienado son sistemáticamente
destruidos y el niño pierde la interacción diaria, el
aprendizaje, el apoyo y el amor que, en una familia intacta,
fluye con normalidad entre el niño y ambos padres, así como
con los abuelos y otros parientes de ambos progenitores.
El niño puede encontrar obstáculos
insuperables si, más tarde en su vida, busca reestablecer las
relaciones con el padre perdido y su familia.
El padre perdido puede ya no desear o ser incapaz de
volverse a involucrar. El
padre o los abuelos pueden haber muerto.
Algunos de estos niños eventualmente se vuelven contra
el padre alienador, y si el padre objeto se ha perdido también
para ellos, al niño se le queda un vacío imposible de volver a
llenar.
PROGENITORES QUE INDUCEN A LA ALINEACIÓN.
Por sexos.
La observación de Gardner respecto a que
las madres parecen adoptar un comportamiento de PAS con una
frecuencia significativamente mayor que los padres nace de las
estadísticas sobre el divorcio, así como de la literatura clínica
sobre el PAS. El
estudio sobre Hijos del Divorcio en California descubrió que en
muestras no clínicas, las madres tenían el doble de
posibilidad que los padres para formar alineamientos del tipo
PAS con los niños (2). Cuando
surgen las falsas acusaciones de abuso, como sucede en las
manifestaciones más agudas de PAS, parecen ser también las
madres las responsables de la mayoría de ellas (3, 26-28).
Las madres constituían el 67 % de las acusadoras en un
estudio de ámbito nacional que revelaba que las acusaciones de
abuso en el curso de disputas de divorcio/custodia serán falsas
en cerca del 50% de las mismas (12).
Los padres eran acusadores en un 22% de los casos,
mientras que terceros tales como parientes y profesionales lo
eran el 11% de las veces. Cuando
era un tercero el iniciador de la acusación, un padre podría
también pensar que existía abuso.
Los números se invierten cuando se da la abducción física
del niño, siendo los padres los abductores en el 60 a 70% de
los casos (18). Puede
haber diferencias asociadas al sexo sobre cómo hombres y
mujeres progresan en la labor de adquirir control sobre sus
hijos y tomar venganza sobre su ex-cónyuge, estando los hombres
más inclinados al secuestro físico y las mujeres más
inclinadas a la abducción psicológica y social, que es como
Clawar y Rivlin caracterizaban al PAS agudo (7).
Parejas que no llegaron a casarse.
Los padres pueden involucrarse en un
comportamiento asociado al PAS incluso si jamás llegaron a
casarse. En el
estudio de Johnston sobre los niños que rehúsan las visitas,
ella encontró que entre el 6 y el 15% de las parejas altamente
conflictivas que estudió no estaban casadas (9).
En la experiencia de la autora, uno de los factores que
contribuyen al PAS en el caso de algunas de estas parejas es el
resentimiento y la rabia de la madre por la negativa del padre a
casarse con ellas, un efecto que se exacerba si el padre se
involucra con una nueva pareja.
Una madre en su posición puede tener fuertes
sentimientos de propiedad, similares a lo que describen Clawar y
Rivlin (7), furiosas por la injusticia de que las leyes de
custodia conjunta den al padre el derecho a mantener la relación
con su hijo sin haber cumplido sus obligaciones respecto a la
madre.
Nuevas
parejas.
Johnston halló que la nueva pareja de
cualquiera de los dos progenitores puede ser el instigador
primario de los esfuerzos por obtener la custodio del niño (8).
Algo similar sucede cuando un padre que se divorcia se
asocia a un culto religioso que estimula la lucha activa por
conseguir arrebatar la custodia al progenitor no asociado al
culto, situación en la que el culto adopta el papel de una
nueva pareja, como se muestra en uno de los casos que se
describen a continuación.
Vulnerabilidad
Narcisística.
Johnston verificó que en diversos grados,
uno o ambos progenitores en divorcios altamente conflictivos
pueden ser vulnerables desde el punto de vista narcisista,
careciendo de una identidad propia bien establecida, y
dependiendo de defensas primitivas, tales como la externalización,
la negación y la proyección (8).
La necesidad de uno o de ambos progenitores de protegerse
y defenderse contra las heridas narcisistas es la raíz de
muchos divorcios altamente conflictivos.
Este puede ser un factor motivador del PAS en ciertos
casos, una dinámica descrita por Wilhelm Reich hace casi 50 años
(29) cuando avanzó cómo los progenitores con determinados
tipos de carácter buscarían defenderse a sí mismos de las
heridas narcisistas infligidas durante el divorcio canalizando
su lucha por los hijos, usando la técnica de difamar a la
pareja para alienar al niño del otro progenitor.
Necesidad de Ocultar Déficits
Parentales.
Conforme a Clawar y Rivlin, la campaña
para alienar al niño del otro progenitor se utiliza a veces
para deflectar un escrutinio no deseado de los problemas
personales del progenitor programador, por ejemplo, alcohol,
drogas, paternidad irresponsable, abuso físico y sexual,
comportamientos delictivos o estilo de vida socialmente no
aceptado (7). A
veces los padres adoptan comportamientos de PAS por miedo a que
se les halle faltos cuando se comparan al progenitor objeto, más
cariñoso y capaz. La
literatura sobre falsas alegaciones en las disputas de
divorcio/custodia a menudo confirman que la acusación ayuda al
acusador a igualar el campo de juego, por decirlo así.
Vulnerabilidad a la Separación y la Pérdida.
Un factor en algunos divorcios claramente
conflictivos resulta ser la presencia en uno o ambos padres de
vulnerabilidades específicas subyacentes hacia la pérdida y
los conflictos que rodean el vínculo y la separación (8).
Puede desarrollarse por tanto un escenario de PAS cuando
un progenitor turbado que ha sido rechazado con el divorcio,
afronta la pérdida y la soledad volviéndose hacia el niño
como medio de llenar las necesidades emocionales, resultando en
lo que Wallerstein llama "el niño sobrecargado", del
que hablaremos en la parte II.
Para algunos padres, el divorcio reactiva el tema de la
desvinculación de pérdidas pasadas, tales como un divorcio
previo, el secuestro o la muerte de un niño, o la pérdida de
otro miembro de la familia.
Un progenitor en tales circunstancias puede incurrir en
PAS para defenderse de "pérdidas" adicionales, como
la que representa tener que compartir al niño con el otro
progenitor. Algunos
progenitores tienen problemas de personalidad de larga duración
con la desvinculación y la individuación.
Los conflictos subsiguientes generados en torno al niño
por el PAS ayudan a desterrar los sentimientos de pérdida o
abandono con el mantenimiento de la relación con el ex-esposo.
El PAS puede ser también empleado en mantener enfocada
la hostilidad del otro progenitor, como en el caso del Síndrome
Medea (4, 5) y el Síndrome de la Madre Maliciosa en relación
con el Divorcio (6, 30).
Venganza
.
Clawar y Rivlin hallaron que la venganza es
una de las razones más comunes y poderosas que los progenitores
tienen a la hora de adoptar un comportamiento alienador (7).
Las características de la personalidad de algunos
progenitores son tales que la venganza parece restar su única
opción viable en respuesta a sus sentimientos heridos por el
divorcio. El deseo
de venganza puede ser estimulado aún más si se descubre una
infidelidad, si el padre alienador resulta abandonado por otra
persona o si se reconocen inmediatamente reemplazados por un
nuevo objeto amoroso en la vida del padre que le dejó.
Necesidad de Controlar y Dominar.
Algunos progenitores alienadores están
impulsados por una necesidad incontrolable de poder, influencia,
dominio y control (7). Sumirse
en el PAS puede proporcionarles la doble gratificación de
mantener el poder, la influencia y el control sobre el niño y,
vicariamente, sobre el ex-cónyuge cuyo régimen de visitas y
relaciones con el niño resulta frustrado por las maniobras de
control del padre alienador.
Las necesidades de controlar y dominar se evidencian a
veces en la abducción del niño, o en su uso para mofarse y
torturar al frenético padre objeto.
Además de los padres y las madres, una nueva pareja
puede ser quien tenga la necesidad de poder, dominio y control.
Por ejemplo, una madre puede involucrarse con una nueva
pareja que, primariamente, la seduce alejándola de su
relativamente débil esposo y luego actúa como una especie de líder
de culto personalista para con la madre y el niño, a los cuales
programa y lava el cerebro para domeñarlos y obtener su sumisión.
Síndrome Medea.
La necesidad de venganza alcanza sus
extremos en el Síndrome Medea (4, 5).
"Las Medeas modernas no desean matar a sus hijos,
pero sí quieren venganza de sus ex esposas o esposos y lo
logran destruyendo la relación entre el otro progenitor y el niño...
El síndrome Medea se inicia con el matrimonio en crisis
y la separación subsiguiente, cuando los padres pierden, en
ocasiones, de vista el hecho de que sus hijos tienen necesidades
distintas a las propias y comienzan a pensar en el niño como
una extensión del propio yo...
Un niño puede ser utilizado como agente de venganza
contra el otro progenitor...
o la rabia puede conducir incluso al robo del niño"
(5) Los
"amargamente caóticos" progenitores descritos con
anterioridad por Wallerstein y Kelly pueden incluso caer en la
categoría de los vengativos (2).
Estos progenitores liberan su intensa ira de manera
desorganizada pero crónicamente disruptiva, que bombardea a los
niños, más que les protege, con la cruda amargura y el caos de
los sentimientos de dichos progenitores para con el ex-cónyuge
y con el divorcio mismo.
Síndrome de la Madre Maliciosa Respecto
al Divorcio.
Turkat hubiera debido llamar a esta
perturbación "Síndrome del progenitor Malicioso",
pero dejándolo así, esta perturbación describe una clase
especial de progenitores alienadores, que emprenden una campaña
multifacética y despiadada de agresiones y engaños contra el
ex-cónyuge, como medio de castigarle por el divorcio (6, 30).
En contra de la opinión de Turkat, la autora ha
localizado varios casos en los que el padre era el progenitor
malicioso, como ilustra el caso descrito al final de esta sección.
Cuando hace mención al PAS, Turkat lo clasifica como una
forma moderada de interferencias en las visitas en comparación
con el Síndrome de la madre maliciosa en relación con el
divorcio. El
progenitor que sufre de este último emplea toda una gama de tácticas,
incluyendo la litigación excesiva, la alienación del niño
respecto del padre objeto y la involucración del niño y de
terceras personas en acciones maliciosas en contra del ex-cónyuge.
La mentira y el fraude se utilizan rutinariamente.
Un progenitor malicioso podría hacer que su esposo fuera
investigado por uso de drogas ilegales en el trabajo, o
denunciar a su nueva parea.
Los progenitores maliciosos suelen utilizar con éxito la
ley para castigar y acosar al ex-cónyuge, a veces en violación
de la propia ley, pero saliéndose eventualmente con la suya.
Sus esfuerzos para interferir con el régimen de visitas
del padre objeto son persistentes y omnipresentes, incluyendo
los intentos de bloquear al padre objeto en la regularidad y
continuidad de su régimen de visitas con el niño, y de
mantener el contacto telefónico con ellos, así como intentando
bloquear al padre objeto de la participación en la vida escolar
y las actividades del niño.
Las suspicacias y los ataques verbales del
Sr. C. Contra su esposa finalmente la condujeron a solicitar el
divorcio. Como en
ocasiones anteriores, el Sr. C. amenazó con que, de no se
reconciliaban, él obtendría la custodia de su hija de cuatro años
y se aseguraría de que la madre no la volvería a ver.
En el pasado, la Sra. C. había cedido, temiendo que el
Sr. C. cumpliera sus amenazas, pero esta vez no lo hizo.
El Sr. C solicitó la custodia única basándose en la
falsa acusación de la falta de idoneidad de la madre.
Cuando estas alegaciones no se pudieron sostener, el
padre formuló otras nuevas.
Un año después de la demanda, la Sra. C. se comprometió
con otro hombre. El
Sr. C. se las arregló para romper el compromiso acusando al
novio de abusar sexualmente de la niña.
Hizo que la policía arrestara al novio en casa de la
madre. Cuando los
servicios de protección infantil informaron a la madre de que
se llevaría a la hija ante su fracaso en protegerla, la madre
canceló su compromiso, aterrorizada de que el r. C. cumpliera
su amenaza de llevase a su hija.
Cuando la policía y los servicios de protección
infantil investigaron las acusaciones de abuso sexual y
comprobaron que tal abuso nunca existió, la Sra. C. prosiguió
con sus planes de boda. El
padre lanzó acusaciones de abuso sexual contra el nuevo esposo
de la Sra. C. en los juzgados de familia, y logró de manera
temporal obtener la custodia.
Cuando la evaluación ordenada por el juzgado determinó
que las acusaciones no tenían fundamento y que el padre estaba
emocionalmente perturbado y presionaba al hijo a reportar
abusos, se le
devolvió la custodia primaria a la madre.
Durante su tiempo de visita, el padre y un amigo
continuaron interrogando a la niña sobre abusos de su
padrastro, y a medida que el tiempo transcurrió, ella se fue
sintiendo crecientemente presionada para darles la razón. Lejos
de la influencia paterna, no obstante, la niña disfrutaba su
familia, con su madre y padrastro.
Ella declaró a diferentes terapeutas que ella sólo había
acusado a su padrastro de abuso sexual para complacer a su padre
y al amigo de este.
Entretanto, el Sr. C. y su amigo
continuaron reportando abusos contra el padrastro, creando un
considerable trastorno a la Sra. C y a su nuevo esposo y a la
hija. Finalmente,
cuando la niña tenía diez años, el padre logró que el
tribunal de menores adquiriera jurisdicción y le diera la
custodia, pese a que los exámenes médicos de la niña no
apoyaban las crecientemente graves acusaciones.
A la Sra. C. no se le permitía ver a la hija.
Cuando ella intentó contactar con el terapeuta que ahora
estaba tratando a la niña por abusos sexuales realizados por el
nuevo esposo de la Sra. C, el terapeuta fue arisco y rehusó
hablar con ella. La
madre fue torturada por los informes de de una serie de
asistentes sociales del cuerpo de protección de la infancia que
indicaron que la niña actuaba de manera extraña y a menudo
auto destructivas. Con
doce años, fue detenida por la policía por ejercer la
prostitución y tuvo que ser internada en un psiquiátrico.
Varios profesionales que habían estado involucrados en
el caso cuando la madre tenía la custodia se preguntaron si el
Sr. C. estaba deliberadamente destruyendo a su hija como
venganza contra la madre. El
Sr. C. pudo retener la custodia, no obstante, concentrando la
atención de las autoridades en las acusaciones de abuso sexual
contra el padrastro.
Mucho antes de que Turkat identificase el Síndrome
de la Madre Maliciosa en Relación al Divorcio, un psicólogo
cuya ex esposa padecía ostentosamente el trastorno, escribió
un libro en torno a esta ordalía (31).
Acusándole de abusar sexualmente de su hija, la madre
logró que la policía le detuviera a él en su oficina, en
presencia de sus clientes y sus empleados.
También logró que estuvieran presentes unos reporteros
de prensa, para que las fotos del sorprendido psicólogo siendo
esposado y conducido a la cárcel tuvieran amplia difusión.
El padre plantó cara y eventualmente obtuvo la custodia
conjunta cuando el tribunal decidió que los extremados
esfuerzos de la madre para amputar la relación del padre con su
hija resultaban en detrimento de la misma, despojándola de la
custodia única.
Características personales de los
progenitores que realizan falsas acusaciones de abuso sexual en
las disputas del divorcio.
Wakefield y Underwager emprendieron una
revisión sistemática de los casos de archivo sobre divorcio y
custodia a fin de examinar y comparar las características de 72
acusadores en falso, 103 padres acusados falsamente y un grupo
de control de 67 progenitores que habían disputado por la
custodia pero sin realizar acusaciones de abuso (28).
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